Creo que nunca lo expliqué adecuadamente, pero Supernatural es una de mis series favoritas. Está a la par de Lost, House, entre otras. Hace tres semanas comenzó su quinta y última temporada. Lo interesante es que no es de esas series que no sabés adónde van a ir a parar, sino que todo ha estado muy bien calculado desde el principio, todo ha tenido su razón de ser y todo nos trae a esta última temporada donde el bien y mal, Dios y el Diablo, Sam y Dean definirán sus vidas (o muertes) para siempre.
En cada temporada me impresiona su poder de sorprender al espectador de maneras que nunca imaginaste, básicamente, te vuela la cabeza. Al principio sólo teníamos fantasmitas y algún monstruito ocasional, pero eso fue sólo el principio, su manera de introducirnos al mundo sobrenatural al que estuvieron expuestos los Winchester toda su vida. Luego comenzamos a ver que existían hechizos poderosos, vampiros y, los más divertidos, demonios. Demonios que poseen cuerpos humanos, demonios que hacen tratos que se sellan con un beso, demonios de ojos amarillos... Y así los Winchester viajan en su Impala del '67 recorriendo el país salvando gente y buscando a su amado padre que desapareció cazando al demonio más importante de sus vidas: al que mató a Mamá Winchester. De ahí viene la gran obsesión con la cacería, no es más que sed de venganza. En el recorrido de los hermanos vamos conociendo a otros cazadores, y al más adorado: Bobby. Él es como un segundo padre para los muchachos, es una suerte de guía espiritual al que recurren cuando se les terminan las ideas. Demos gracias a los guionistas por Bobby, la serie no sería igual sin él, sin el apoyo incondicional que les brinda.
Más recientemente, han hecho la grandísima jugada de incluir literalmente el cielo y el infierno en la serie. ¿Cómo podía ser que no viéramos nada divino en medio de tantos demonios? Pues, el momento llegó en la cuarta temporada con el ingreso de Castiel, el mejor ángel que cualquiera podría pedir. Ángeles escalofriantes, ángeles adorables, arcángeles furiosos y profetas del Señor nos mostraron sólo un poco de lo que se venía. Lo que venía era Lucifer. Y así empezamos la quinta temporada, maldiciendo la inocencia de Sam pero también muriendo de lástima por él, y... bastante cagados hasta las patas porque el Diablo está caminando por la tierra xD Y Dean... Dean sufre mucho.
Y lo que es genial es que esos típicos episodios de relleno que tienen todas las series, bueno, los de Supernatural son los más divertidos. Hay capítulos tan originales que te lo pasás mejor que un niño en una heladería. Y eso es decir mucho xD Incluso hay un episodio filmado en blanco y negro homenajeando a las películas de terror de los años '50, eso fue de lo más impresionante.
Podría seguir todo el día, sólo me queda agregar que nada de esto sería posible sin la gran química que tienen Jensen Ackles y Jared Padalecki. Las peleas, las bromas, la preocupación, son muy intensos.
Y para cerrar, les cuento que en Abril, Argentina será sede de la Convención Latinoamericana de Supernatural. Vendrán los actores y se realizarán varias actividades. No puedo estar más feliz :) Ya estoy ahorrando para eso.
Si no vieron la serie, les aseguro que se van a enganchar.
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ResponderEliminarVaya, no se publicó mi primer comentario ¬¬
ResponderEliminarDecía que hace años descargué la 1º temporada pero aún no la vi :p pero viendo cómo se va desarrollando la serie, creo que no tardará en caer como le pasó a Bones xD
Bien bien, tarde pero seguro xD
ResponderEliminarPues a mi es una serie que no me llama en absoluto la atención, y no sé por qué. Quizás tengo aborrecidos a los actores... Pero prefiero invertir mi tiempo en otras cosas xD
ResponderEliminarY está bien, Miri...
ResponderEliminarEs que a mí toda la vida me han gustado las historias de este estilo. Si no te gusta el género, no lo aguantás ni por mucho que te gusten los actores (que me gustan xD).